No se sabe más

Anonimato y los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez

Keith Miller

En Español traducción de Rebeca Walker Márquez

Catorce años después de que en Ciudad Juarez comenzaron los asesinatos, violaciones y desapariciones de mujeres y niñas, los reportes policiacos reportan la lista de detalles mórbidos y trágicos de casos que con frecuencia terminan inconclusamente con No se sabe más. En 450 MUJERES HAN SIDO ASESINADAS EN CIUDAD JUÁREZ, la Galería SAC reúne a trece artistas en un intento de saber más y dar luz a este oscuro tema. Entre más se aprende sobre el femicidio se pueden ver las etapas de la sorpresa al duelo, del duelo a la indignación. Esta exposición es el resultado de esta indignación.

 

Olga Alicia Carrillo Pérez tenía 20 años cuando desapareció el 10 de agosto de 1995. Un mes después, cuando se descubrió su cuerpo en estado de descomposición avanzado, el coroner reportó que había sido acuchillada repetidas veces y que sus pechos habían sido arrancados a mordidas. Su cuerpo, encontrado en un terreno valdío de Ciudad Juárez, fue uno de nueve cuerpos de mujeres encontrados en un periodo de tres meses en ese terreno.

El cuerpo de Claudia Ivette González fue encontrado en un campo de algodón frente a la Asociación de Maquiladores junto a otros siete cuerpos el 7 de noviembre de 2001. Sus restos tenían señales de violación y violencia extrema. Inmediatamente después de su descubrimiento dos hombres fueron acusados de su asesinato y fueron torturados. Uno de los hombres murió bajo circunstancias sospechosas bajo arresto.

Cuando la madre de Paloma Angélica Escobar Ledesma acudió a las autoridades para reportar la desaparición de su hija el 3 de marzo de 2002, el procurador del estado le aseguró que su hija estaba de reventón . Cuando el equipo forense hizo una investigación, descubrió que la estudiante y trabajadora de la maquiladora Aerotec ya estaba muerta cuando el procurador del estado había hecho aquella declaración. “Cuando el procurador inventaba fiestas, amigos y malos pasos, ella estaba muerta. Me mentían”, denunció Norma Ledesma, la madre de Paloma Angélica. Las autoridades se apresuraron a involucrar con el asesinado de Paloma Angélica, a su exnovio Vicente Cárdenas Anchondo. Después de haber sido torturado por las autoridades Cárdenas Anchondo se confesó culpable. Norma Ledesma no cree que esa confesión sea legítima. Las confesiones bajo tortura son recurrentes en estos casos.

        Si bien hay demasiados factores y demasiadas muertes para comprender fácilmente en el caso de las mujeres de Juárez, hay algunos factores básicos. Durante la última década y media, muchas mujeres y niñas (desde 5 años) han sido golpeadas, violadas y asesinadas, muchas veces sin resolución jurídica y con impunidad policiaca. Esto ha creado una trampa doble para las mujeres de la ciudad. Por una parte, continúan siendo presa de violadores y asesinos seriales que cometen los crímenes “no resueltos” hasta la fecha. Por otra parte, están atrapadas en un ciclo histórico de violencia contra las mujeres que ahora enfrenta una atmósfera generalizada de violencia en la cual sus vidas no tienen valor y donde el quitar la vida a una mujer no representa una amenaza con ramificaciones legales. Al mismo tiempo, los sospechosos (culpables o inocentes) son torturados para confesar crímenes que con frecuencia no han cometido, como parte de una complot de corrupción mayor y confabulación gubernamental.

        Los asesinatos de mujeres y niñas en Juárez comenzaron en 1993. Desde entonces el número de mujeres asesinadas en Ciudad Juárez ha aumentado alarmantemente. La cifra actual es de más de 450 y son más de 600 las desaparecidas. Mientras los asesinatos crean indignación, hay muchas fuerzas activas en la injusticia que ensombrecen la claridad de esa ira: corrupción política, sexismo enraizado históricamente, violencia generalizada en la frontera, trafico de drogas desenfrenado, guerra endémica de clase y raza y el Tratado de Libre Comercio (TLC). Todos estos factores son parte de la ecuación. El hecho permanece: en Ciudad Juárez las mujeres están siendo asesinadas a una tasa alarmante de maneras aterradoras y brutales, consistentes con el nivel generalizado de impunidad.

 

A un paso de El Paso, Texas, Ciudad Juárez es un centro de maquiladoras, fábricas que proveen a Estados Unidos mano de obra barata y muchos bienes manufacturados. Mujeres y hombres de todo México emigran a la frontera con la esperanza de un futuro económico mejor. El TLC, que entró en efecto el 1 de enero de 1994, poco tiempo después de que comenzaron los asesinatos, creó la posibilidad de que comenzaran a operar esas fábricas fuera del alcance de muchas leyes laborales y ambientales de Estados Unidos. En aquella época, muchos sindicatos y activistas de las libertades civiles se lamentaron con predicciones lamentables sobre el futuro de esta nueva mano de obra. Estas predicciones continúan siendo relevantes pero algunas se han visto ensombrecidas frente a esta injusticia aún mayor.

            Una vez que se crearon las maquiladoras, el nivel de corrupción social y de poder de los ricos y a sus hijos, conocidos como Juniors, aumentó desmesuradamente. En un país con una historia de setenta años de oligarquía gubernamental y corrupción, esta nueva forma de explotación era potencialmente explosiva.

             También en 1993 el Cartel de Juárez, encabezado por Amado Carrillo Fuentes, tomó control del tráfico de drogas de la zona de Ciudad Juárez. En aquel momento el poder del cartel y su confabulación con oficiales locales, estatales y federales creció exponencialmente. Las mordidas a oficiales del gobierno sumaban millones de dólares al mes. Sería difícil sobreestimar el nivel de poder, capacidad de corrupción y difusión del cartel. Entre los oficiales corruptos estuvo, en un momento dado, el general a cargo de perseguir a traficantes de drogas.

La violencia persistente contra mujeres y el nivel generalizado de machismo, sexismo y misoginia han dado lugar a una realidad donde las mujeres siguen siendo víctimas de una serie excesiva de crímenes “no resueltos”, catorce años después de haber comenzado.

 

"No se sabe más”. Esta carencia de información parece con frecuencia ser intencional, simbólica y relevante en esta tragedia. En cualquier país, parece ser, la muerte y asesinatos son inevitables. ¿Entonces en qué es difente el caso de estos asesinatos y desaparicione? Tal vez no hay diferencia. Por otra parte es posible preguntar: ¿Qué hace que estos casos sean únicos? Tal vez no lo son. ¿Por qué son una gran trageida para algunos y no la gran cosa para otros? Si la muerte de un individuo es de gran importancia, entonces ¿cómo se puede categorizar la muerte y desaparición de tantas mujeres? Y urgentemente ¿a qué se debe el silencio?

           Que el caso de estas mujeres haya alcanzado un grado doloroso de anonimato se debe tal vez específicamente al marco social, cultural, político y particularmente económico en que ocurren estos crímenes. Las mujeres que están siendo asesinadas y desaparecidas no provienen de la clase poderosa. Junto a las trabajadoras supuestamente anónimas de las maquiladoras, trabajadoras anónimas de bares (trabajadoras sexuales y demás) y estudiantes múltiples también llenan los espacios de las macabras listas de muertes anónimas. Este es uno de los grandes crímenes de los asesinatos de Juárez.

            Si hablo de las ‘Mujeres de Juárez’ admito ser parte de esta injusticia. Lo hago por no tener una mejor solución que ofrecer. La injusticia yace en que 450 mujeres han sido asesinadas. Yace en que Raquel Lechuga Macías ha sido asesinada. En que María de la Luz Martínez García, de 12 años de edad fue sido violada y abandonada hasta la muerte. En que Celia Guadalupe Gómez de la Cruz fue encontrada muerta, enterrada desnuda en un terreno baldío. Esto es más que una serie de asesinatos: son una serie de asesinatos singulares que han sido cometidos individualmente y de manera única una y otra vez. Debemos percibirlos como serie sólo hasta cierto punto. Pero también debemos mantener presente que la realidad de Olga Alicia Carrillo Pérez fue asesinada y que su asesino o asesinos se escaparon. Y cuando fue asesinada, fue arrancada de su madre y amigos, de su comunidad y familia, no sólo como parte de una lista en aumento de mortalidad, sino de una lista con un nombre único.

 
La pregunta es qué se puede hacer. Quien entiende al trabajo de la policía sabe que la realidad raramente se parece a las soluciones claras de la televisión. Para resolver un caso de asesinato involucra mucho trabajo, con frecuencia a criminales torpes y, frecuentemente, una gran dosis de suerte por parte de los investigadores. Pero esta injusticia no se debe a la investigación inepta por parte de la policía. Este es un fracaso sistémico, un crimen cometido tanto por los asesinos como por las autoridades y la sociadad que no hace nada por ponerle un alto.
El tema central aquí es que se haga invisible a las mujeres cuya piel es más oscura y cuyas posibilidades económicas son menores. Este vacío de identidad en sus vidas ha sido canjeado sin aparente costo. Se trata de un crimen institucional. La negligencia, encubrimiento, ineptitud, arrogancia, etc., forman parte de un crimen mayor: la aceptación tácita y complicidad ante el femicidio. Al final, el crimen verdadero aquí es volver anónimas a mujeres y niñas individuales. En este caso, la corrupción no es un fenómeno local creado por el oficial individual típico que pide una mordida. Es una realidad sistémica y recurrente que permite o requiere que exista cierta mentalidd y que, simultáneamente, da preferencia a unos sobre otros. Si nos permitimos aceptar la injusticia de la corrupción marginalizante como un hecho lamentable de la democracia, corremos el riesgo de permitir que segmentos mayores de la población sean más que marginalizados: eliminados.
Los artistas de esta exposición se han visto atraídos a trabajar sobre este tema por razones personales, que no son glamorosos ni placenteros. Han llegado a este tema en un intento por dar luz y arrancar el anonimato al crimen. Su trabajo refleja un intento personal por entender un hecho que cuestiona nuestra razón, que altera nuestro sentimiento de orden y deteriora mucho nuestra esperanza de lo que significa ser humanos. En cada obra es claro que se ha hecho el intento por hacer la paz con la realidad tal y como la vivimos ahora y questionar su desarrollo mórbido. Esta exposición se presenta con la esperanza de poder honrar la memoria de las vidas perdidas en Ciudad Juárez y ofrecer un sentido de esperanza que pueda transformar esta situación a través de acción, activismo y arte.

[i] http://www.senado.gob.mx/content/sp/informes/chihuahua/cedulas/22-F.htm
Washington Valdez, Diana; The Killing Fields, pp. 7-8; Peace at the Border Publishing, Burbank CA.

[i] http://www.jornada.unam.mx/2003/11/29/038n1soc.php?origen=soc-jus.php&fly=1

[i] http://www.jornada.unam.mx/2003/11/29/038n1soc.php?origen=soc-jus.php&fly=1

[i] http://en.wikipedia.org/wiki/Amado_Carrillo_Fuentes
Even Carrillo Fuentes’ death in 1997 of complications during plastic surgery have been shrouded in mystery. Whether or not it was actually the Narco boss remains for some in doubt.

     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
         
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