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Martín Ramírez

"Previously unseen works"

5 junio - verano 1999

Phyllis Kind Gallery

por Keith Miller

En la época moderna y la que vivimos ahora, el mundo de arte se volvió obsesionado no solamente con la producción artística sino también con el concepto o la estrategia del artista. Así la obra resultó una parte de un análisis más amplia, con implicaciones de ironía y referencias sutiles y multiples, entre otras cosas. Después de tanto mucha gente quisiera ver en el artista no un teórico o rebelde sino un artiste puro, alguién que produzca por la necesidad de producir, de decir algo. Como parte de esa búsqueda el mundo de arte se ha encontrado en culturas "primitivas", niños, y los locos. Esos grupos vuelven centros de ese estudio porque no se les ha contaminado el afecto voraz del modernismo. Particularmente el arte de los locos ha sido tierra fértil para ese ramo porque también da amplia información para la investigación sicoanalítica. La ruta directa a la sique que se supone tener es deseable para muchos artistas, y con ejemplos como Van Gogh, a pesar de sus consecuencias concretas (el suicidio, la depresión el sicosis, etc.), se les envidian.

La tentación de analizar y así entender la obra artística de un esquizofrénico paranoico es amplia. En los trazos y figuras se ve una manera clara de leer el laberinto que es aquel mundo. Desde por lo menos Freud se espera de una obra de arte una entrada a la mente del creador, algo que podemos traducir más allá de lo visto, porque finalmente nadie cree, como dijo el Doctor Freud, que "un puro es un puro".

El trabajo gráfico de Martín Ramírez es un ejemplo llamativo de los beneficios y riesgos de ese modo de interpretación. Nacido en Jalisco en 1885, se le encontró indigente en California en 1930 y pasó los próximos 33 años en un manicomio californiano hasta su muerte, diagnosticado esquizofrénico paranóico. Durante su estancia, bajo los ojos de sus doctores, Ramírez creó una obra de dibujos de gran formato sobre papel que hoy en día resulta muy actual.

Entre los corrientes de historia hay muchos que quisieran representar un momento histórico con un evento cultural, un evento social, etc. Por ejemplo, los años cincuenta con el expresionismo abstracto, el fin del siglo pasado con el impresionismo. Si ha tenido un resultado positivo el movimiento de diversidad cultural, ha sido precisamente la diversificación de un momento: el darse cuenta de que un mismo momento puede contener no una realidad sino multiples, casi infinitas.

En el caso de Martín Ramírez se ve una persona independiente quizá ubicado entre los modernistas y regionalistas norteamericanos de los años 30 (Benton, Hopper, Wood, etc) y los muralistas Mexicanos. Como obrero itinerante y migrante podría ubicarse en los dos campos, con mucho más afinidad hacia los mexicanos. Sin embargo, su obra desarolla fuera de tales corrientes y representa una voz singular que representa una investigación de su identidad tanto personal como social y nacional.

Entre los más que 200 dibujos que produjo durante su estanci en el manicomio, en esta exposición se ven 12 que, según el título de la expo, no se han visto.Entre los temas recurrentes se se ven vaqueros, trenes, y lineas repetetivas undulantes. En el "Sin título (tren y dos túneles)" (1950,24" x 86"), un tren corre hacia un túnel en un paisaje habitado por formas hechas por lineas curveadas. El tren corre por unos carriles que receden en un perspective entendible pero a la vez curioso. El uso de los elementos crea un espacio ambiguo, casi intoxicante. La posibilidad de leer metáfora y símbolo en el tren y el túnel es fuerte pero a la vez decepcionante. El deseo de ver una sexualidad en la forma fálica del tren y la forma vaginal del tunel, y su inminente penetración, parece forzado. De hecho a lo largo de esta exposición, aunque formas fálicas sean repetidas, tanto como túneles, no están cargados con una sexualidad plena. Más bien el túnel y el tren parecen símbolos para algo más interior, la penetración no parece carnal sino mental. Ramírez no da pistas para entender si el túnel es la oscuridad de miedo o su contrario; si el tren es él o si la imagen total sea su mundo. A la vez hay una tranquilidad adentro de los dibujos que no parece reflejar una paranoia sino una calma, un estado de equilibridad que casi me atrevo decir es envidiable.

En el "Sin título (pirámide/conejo)" (1950, 56" x 27") se ve un vaquero muy villista encima de un pirámide, montado en un caballo agarrando un conejo por sus patas traseras. De primera vista este vaquero se me hizo mucho como los San Martín que tienen las tiendas, especialmente porque su sombrero funciona igualmente como halo. El pirámide, hecho por lineas undulantes tiene un efecto óptico en lo cual las escaleras se inviertan de cierto modo que no parecen correctos pero no se ve la falta de lógica tampoco. Así el espectador cae adentro del mundo de Ramírez. Una vez adentro de su mundo, se puede preguntar: ¿quién es este vaquero/santo/villista? Si bien decidimos que es el alterego del artista, igualmente tendremos que preguntar ¿Qué está haciendo ahí y con el conejo? Similarmente con todos sus dibujos aquí, el análisis parece caer corto, y así hay un deseo de ubicarle adentro del campo de los surrealistas donde las varieadas lecturas de una obra representa la apertura de la sique. Sin una interpretación concreta facilmente se llega a una conclusión relevante (tal vez la única): este dibujo parece una celebración personal que nos ofrece la posibilidad de festejar algo que desconocemos, lo cual puede ser algo concreto o nada más que el mundo de este artista.

En "Sin título (Virgen)" (sin fecha,92" x 48") la Virgen tira sus manos al aire y pisa un serpiente. Tiene puesto una corona y un vestido que es una mezcla de ropa tradicional (quién sabe de donde) y las lineas que le gustaban tanto a Ramírez. A su derecha hay dos mujeres de tamaño reducido. En las caras de las tres hay un aspecto de trepidación que quisiera llamar humorosa pero algo no me permite. Más bien el dibujo parece tener un aspecto de titubeo, de algo que viene de afuera. La presencia del dibujo tiene un impacto fuerte e inmediato, algo seguro y desafiador. A la misma vez, como casi todos los dibujos aquí, tiene un sentido de calma y veracidad sincera que reta al espectador en una manera poco común.

Ahora bien, la posibilidad de analizar esta obra como acceso a la mente de un loco es tentador, pero creo que no profundice nuestro entendimiento de ella. En cambio parece que el viaje de Ramírez era de una suerte de interés actual porque representa una búsqueda personal por las cosas que le definen. Utilizando símbolos personales y ubicuos, el artista crea un idioma que interroga la noción de su indentidad no de manera simple sino de manera personal y profunda. Lo interesante también es que por medio de un vocabulario tan sencillo ha desarollado un lenguaje tan complejo, profundo y puro.

Adentro del mundo artístico de hoy, con sus muchas modas y tendencias, esta obra tiene un lugar saliente. Junto con el interés en un artista "puro", hay una fascinación con el uso de obsesión en el trabajo. Lo que era la novedad para los modernistas, actualmente se ha reemplazado para muchos con la obsesión. Por medio de la repetición obsesiva muchas artistas se han explorado nuevos campos con bastante éxito, pero también a veces hay algo sospechoso de las estrategias así: si es una estrategia, la obsesión parece poco profunda, pero como expresión auténtica tiene algo innegable y fuerte. Así Martín Ramírez resulta un ejemplo contundente de algo veraz y encantador de lo que se puede hacer sin estrategias artísticas, con nada más un espíritu de exploración y expresión.